“Este 8M no es una consigna, es denuncia”… “Conmemoramos, no celebramos”

La Plaza de la Paz en San Cristóbal de Las Casas empezó a recibir a las mujeres desde temprano, las organizadoras nos convocaron para las 10 de la mañana, el sol estaba ya presente y las mujeres empezaron a llegar listas para marchar. Algunas llegaron con sus creatividades para compartirlas, otras con sus tambores, otras con sus niñeces en carreolas, canguros o a pie. Mientras las organizadoras acomodaban a los contingentes diversos, sus pancartas y mantas, el sol arreciaba y nos convidaba a prepararnos con las consignas. Hasta delante iban las mantas con las imágenes de desaparecidas y desaparecidos cargadas por sus familiares y amigues. En seguida venía el contingente de las niñeces, sosteniendo mantas o pequeñas pancartas. Seguían las tamboreras, la guardia de seguridad y la mezcla de mujeres de todas las edades, colores y orígenes. Coreamos las consignas mientras que algunos transeúntes se mostraban indiferentes pero otros también se nos sumaban. La marcha tiñó de morado al “pueblo mágico” también objeto de denuncia por feminicida.
Al llegar de regreso a la Plaza de la Paz las organizadoras tomaron la palabra y evocaron a las mujeres, a las niñas y a todas las cuerpas disidentes. Cuerpas parte de esta marcha. Nos dijeron:
“Hablar de violencia aquí no es hablar de lo ajeno sino de una experiencia encarnada. En este 8M la lucha no es individual es comunitaria… queremos un feminismo que no deje fuera a las indígenas, a las trans… Los feminicidios siguen impunes… Ya no más silencio, miedo, impunidad, no más desapariciones, no más transfobia… No solo queremos recordar sino proteger a las que aquí estamos… Nos queremos libres, vivas, orgullosas…”
Palabras de las organizadoras en la Plaza de la Paz (Descarga aquí):

En seguida dieron su testimonio las familiares de víctimas de desaparición forzosa. Dos jovencita y una mujer mayor afirmaron que ellas nunca imaginaron estar en la situación que están, con tres desaparecidos (una mujer y dos hombres) de su propia familia. Denunciaron el calvario que ha sido para ellas todo por lo que han pasado pero dijeron acá estar, seguir denunciando.
Familiar de víctima de desaparición forzada (Descarga aquí):
Dos compañeras más tomaron el magáfono y nos compartieron que son sobrevivientes de un intento de feminicidio acaecido en una de las montaña del sur de la ciudad. Con gran indignación denunciaron todo lo que han pasado porque los tres niveles de gobierno no son capaces de cumplir con garantizar la seguridad de sus ciudadanas y con hacer justicia. Dijeron:
“Somo víctimas de un ataque armado, tipificado como robo, cuando fue un intento de feminicidio… Sobrevivir en México, no garantiza justicia… Hemos vivido la agresión armada y la violencia institucional que es violencia de género… Las instituciones de gobierno no cumplen los compromisos jurídicos vinculantes… La impunidad nos ha dejado heridas institucionales… sin nuestra red de apoyo no hubiéramos podido sobrevivir… Responsabilizamos a todos los niveles de gobierno… El Estado trató de silenciarnos… exigimos que el Estado asuma su responsabilidad… Sobrevivimos a tres años de violencia institucional… Tres años después aquí seguimos…”
Sobrevivientes de intento de feminicidio (Descarga aquí):
Pronunciamiento de sobrevivientes de intento de feminicidio (Clic aquí para leer)
“Hoy una jueza confirmó que dijimos la verdad: sobrevivimos a un intento de feminicidio. Lo que falta es que el Estado asuma su responsabilidad.”
Pronunciamiento 8M 2026 – México
Somos Sobreviviente de intento de feminicidio y denunciamos violencia institucional del Estado
San Cristóbal de Las Casas, Chiapas — Marzo 2026
(Pausa, mirar al frente)
Hoy no estamos aquí para celebrar.
Este 8 de marzo no es fiesta.
No es felicitación.
No es flores ni discursos vacíos.
Porque lejos de tener mejores condiciones de vida,
las mujeres en México —y en Chiapas— seguimos siendo violentadas,
incluso por quienes tienen la obligación constitucional de protegernos.
(Pausa)
“La justicia retrasada es justicia denegada”.
En el marco del Día Internacional de las Mujeres declaramos algo con claridad:
Sobrevivir en México no garantiza justicia.
El 23 de febrero de 2023 fuimos víctimas de un ataque armado en una montaña en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas.
No fue un robo.
Fue un intento de feminicidio.
(Pausa)
Sobrevivimos.
Pero sobrevivir en México no garantiza justicia.
El Estado no nos protegió.
Denunciamos.
Y entonces comenzó otra forma de violencia.
El delito fue clasificado como robo con violencia, y no como intento de feminicidio.
Solo cuando el caso se hizo público hubo reacción institucional.
Todas las instituciones que debían garantizarnos justicia violaron nuestros derechos.
Desde entonces hemos enfrentado:
• Cambios reiterados de fiscales y asesoras jurídicas.
• Más de un año de audiencias suspendidas.
• Negativa inicial de medidas de protección pese a las amenazas.
• Intentos de presión para modificar declaraciones relacionadas con violencia sexual.
• Exposición de nuestra identidad.
• Y el despido de peritos y de nuestra asesora legal en pleno juicio oral, afectando directamente nuestro derecho a la justicia.
(Pausa)
Hoy lo decimos con claridad:
La violencia institucional también es violencia de género.
Acudimos a la Comisión Estatal de los Derechos Humanos de Chiapas.
Se reconocieron irregularidades.
Sin embargo, el expediente fue archivado sin reparación efectiva.
El proceso continúa ante el Poder Judicial del Estado de Chiapas.
Y es hasta que una jueza mujer tomó el caso, con perspectiva de género, con empatía y comprensión del contexto de violencia que vivimos las mujeres, que empezamos a ver una luz al final del camino.
Pero las dilaciones y decisiones administrativas siguen afectando nuestro derecho a una justicia pronta, imparcial y con perspectiva de género.
México tiene obligaciones internacionales bajo la CEDAW y la Convención de Belém do Pará: prevenir, investigar, sancionar y reparar la violencia contra las mujeres con debida diligencia.
Esas obligaciones no son narrativa política.
Son compromisos jurídicos vinculantes.
Mientras nuestros agresores esperan sentencia bajo techo,
nosotras trabajamos para pagar terapias, rehabilitación
y los costos de un proceso interminable.
Seguimos recibiendo amenazas.
No pedimos privilegios.
Exigimos justicia.
El ataque armado nos dejó heridas físicas.
La impunidad nos dejó heridas institucionales.
Ambas son responsabilidad del Estado.
(Pausa)
Hoy, aunque el juicio aún no concluye de manera definitiva, sabemos que nuestros agresores han sido sentenciados por intento de feminicidio.
Eso es un logro.
Es resultado de la lucha jurídica, del acompañamiento, de la insistencia
y de no haber guardado silencio.
Y queremos decirlo también:
Gracias a las abogadas que nos defendieron con firmeza.
Gracias a las funcionarias e instituciones que sí actuaron con ética.
Gracias a nuestros padres.
Gracias a nuestras amigas y amigues que no soltaron nuestra mano cuando el miedo era insoportable.
Sin esa red, no estaríamos aquí.
(Pausa)
Pero incluso ante una sentencia, no hay tranquilidad absoluta.
Nos cuesta creerlo.
Tememos que en cualquier momento una decisión administrativa cambie el rumbo.
Tememos represalias.
Tememos a las redes familiares y comunitarias que han intentado intimidarnos.
La sentencia no borra el miedo.
La justicia parcial no repara todo el daño.
(Pausa larga)
En este 8M declaramos:
Un gobierno que dice defender a las mujeres
no puede despedir a quienes las representan en juicio.
Un gobierno que se dice humanista
no puede normalizar la revictimización.
Un sistema que tolera la impunidad
no puede llamarse transformador.
Y lo decimos con claridad política:
(Pausa)
Un país feminicida no puede llamarse mágico.
Responsabilizamos al Estado mexicano —en sus niveles municipal, estatal y federal— por:
• La falta de protección oportuna.
• Las omisiones en la investigación.
• La revictimización constante.
• El riesgo en el que nos colocaron.
• Y cualquier daño que pueda ocurrirnos.
(Pausa)
No queremos ser valientes.
Queremos ser libres.
No queremos sobrevivir al sistema.
Queremos justicia.
Si algo nos sucede,
será responsabilidad del Estado.
Este 8 de marzo no es una consigna.
Es memoria.
Es denuncia.
Es exigencia.
Y también es advertencia.
(Pausa final)
Hoy una jueza confirmó lo que dijimos desde el primer día:
Sobrevivimos a un intento de feminicidio.
Pero también queda claro que durante tres años
el Estado nos obligó a luchar
no solo contra nuestros agresores,
sino contra sus propias instituciones.
Y aunque la sentencia puede ser impugnada,
la verdad ya quedó establecida.
Sobrevivimos a un intento de feminicidio.
Y también sobrevivimos a tres años de violencia institucional.
(Pausa)
Si la verdad incomoda,
que incomode.
Pero algo debe quedar claro:
Intentaron matarnos.
El Estado intentó silenciarnos.
Tres años después aquí seguimos.
Y no nos vamos a callar.
En seguida el megáfono pasó a manos de las representates de la Red de Defensoras del Agua y del Terrirorio en este Valle de Jovel. Ellas afirmaron que:
“… aunque en el discurso público se habla de equidad de género se reduce a simulación política… Defender el territorio es un acto legítimo”. Exigieron, “el cese de la violencia hacia las defensoras”. Afirmando que: “la defensa del agua y del territorio es también una lucha feminista”. Y cerraron diciendo: “Sin defensoras no hay territorio, sin territorio no hay vida”.
Pronunciamiento de la Red Defensoras del Agua y el Territorio (Descarga aquí):
Pronunciamiento de la Red Defensoras del Agua y el Territorio (Clic aquí para leer)
San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, 08 de marzo de 2026
Red de Defensoras del Agua y el Territorio
Pronunciamiento 8 M
En el marco de la conmemoración del 8 de marzo, Día Internacional de la lucha de las Mujeres, desde la Red de Defensoras del Agua y el Territorio alzamos la voz para denunciar la violencia sistemática y estructural que enfrentan las mujeres defensoras del ambiente y de los derechos humanos.
En América Latina, una de las regiones más peligrosas para la defensa de la vida y la naturaleza, las mujeres que protegen el agua, los territorios y los bienes comunes son objeto de patrones reiterados de violencia que buscan silenciar su liderazgo y desarticular sus procesos organizativos. Estas violencias se manifiestan en difamación, hostigamiento, amenazas, criminalización, judicialización indebida, desapariciones forzadas y feminicidios políticos.
El intervencionismo y la acaparación de los bienes naturales generan profundas afectaciones sociales. Sin embargo, estas afectaciones no son neutrales: impactan de manera diferenciada y desproporcionada a mujeres y niñas. Los eventos naturales provocados por la crisis climática, el ecocidio, la escasez de agua y la contaminación provocan graves consecuencias en la salud, particularmente en la salud física, mental y emocional de las mujeres, además aumenta la carga de trabajo de cuidado que históricamente ha recaído sobre las mujeres.
Las problemáticas ambientales generan despojo territorial y desplazamiento forzado, fracturando y desapareciendo comunidades enteras. Aunado a ello, el acceso de las mujeres a la información, a la participación efectiva y a la justicia ambiental sigue siendo limitado. Aunque en el discurso público se habla de paridad de género, en muchos espacios esta se reduce a simulación política, sin garantizar una participación sustantiva ni condiciones reales de incidencia para las mujeres defensoras.
Denunciamos que atacar a una defensora es atacar el derecho colectivo a un ambiente sano, al agua como bien común y a la autodeterminación de los pueblos. Defender el territorio no es un delito: es un acto legítimo frente a la crisis climática, ecológica y civilizatoria que atravesamos.
Exigimos:
-Garantías efectivas de protección para todas las defensoras de derechos humanos y defensoras ambientales.
-El cese de la violencia sistemática hacia las defensoras.
-El acceso pleno a la justicia ambiental y climática y el reconocimiento del liderazgo de las mujeres en la defensa del territorio.
Este 8M reafirmamos que la defensa del agua y del territorio es también una lucha feminista. Sin defensoras no hay territorio; sin territorio no hay vida.
¡Nos queremos vivas, libres y defendiendo nuestros territorios!

Antes de empezar a reunirnos en la Plaza de la Paz las compañeras de la Colectiva Cereza convocaron a una rueda de prensa donde MADRES, HIJAS, HERMANAS DE PERSONAS DESAPARECIDXS HABLARON SOBRE EL ACCESO A LA JUSTICIA EN EL CONTEXTO ACTUAL DE LA DESAPARICIÓN EN CHIAPAS.

Al tiempo, en la Plaza una de las varias jóvenes acompañantes de una de las familias con una víctima de desaparición forzada nos comentó lo importante que es para ellas y la familia el acuerparse entre unas y otras (parientas, amigas, solidarias, abogadas), sobre todo, ante el dolor pero también frente a la frustración del casi nulo avance de los trámites administrativos luego de la denuncia. Fue ella misma quien nos habló de cómo le llegó la conciencia, de la violencia que a ella misma le atravesó la cuerpa en la relación con un novio y de cómo la teoría y la práctica feminista ha sido clave para el proceso personal y colectivo de toma de conciencia. Cerró señalando lo que serían las demandas urgentes que ella y ellas lanzan:
“Exigen la agilización de los procesos legales de los y las desaparecidas… que las leyes genuinamente nos protejan, reconoce que la Ley Olimpia y la Ley Valentina existen pero saben que se requiere romper el sistema”.
Entrevista a jóvena en la Plaza de la Paz (Descarga aquí):
Y por supuesto no podían fallar las sesiones de autodefensa, el arte, las tamboreras, las obras de teatro y la música. Todo ello fue parte de esta commemoración del 8M y de la denuncia creativa pero contundente. Una de las miembras de un grupo de son jarocho participante en la marcha, Son Tribu, nos compartió sentada en la Plaza su palabra rememorando cuando llegó por primera vez a estas tierras hace 30 años (en 1996) exactamente en una marcha de mujeres donde estaban las zapatistas. Nos habló de su recorrido de 25 años de vida en tierras chiapanecas: su rol como observadora de derechos humanos, luego acompañante comunitaria, luego parte de la Otra Campaña hasta llegar a tener sus propios cultivos agroecológicos y sus animalitos y ser parte de grupos musicales que lo mismo crean sus propios versos feministas y ambientalistas que refuerzan las luchas de mujeres que luchan y de feministas. Oigamos con detalle lo que nos trasmite de esperanza encarnada enraizada alguien que en su modo, tiempo y geografía hace en colectivo con otras mujeres…
Entrevista a participante en la marcha (Descarga aquí):
Hacer colectivo a pesar de las guerras que azotan a los pueblos que resisten…

Foto-reportaje aporte de la Colectiva PVIFS-Chiapas
8M Plaza de la Paz
SCLC. Chiapas, México


































Punta Colonet: el megapuerto que amenaza riqueza biológica y observación científica en México
Por Nysaí Moreno | Avispa Midia
En portada: En septiembre del 2025, la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila y el almirante de la Marina Armada de México, Raimundo Pedro Morales, formalizaron la concesión para desarrollar las obras del megapuerto en Punta Colonet.
En el municipio de Ensenada, Baja California, se autorizó una Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) para un megapuerto en Punta Colonet, que abarca 2,686 hectáreas de zona marina. La MIA fue autorizada el 29 de agosto de 2024, tras un proceso que incluyó consulta pública, solicitudes de información adicional y múltiples opiniones técnicas.
En este contexto, este 28 de febrero las autoridades estatales indicaron que “iniciarán construcción de acceso vial al puerto de Punta Colonet”. El Gobierno de Baja California anunció el arranque de la vialidad que conectará la carretera federal con el polígono donde se proyecta el puerto de carga, al sur del municipio de Ensenada. La obra será ejecutada por la Secretaría de Infraestructura, Desarrollo Urbano y Reordenamiento Territorial (SIDURT) como “primera etapa” de habilitación. Aunque oficialmente se afirma que por ahora solo se construirá el acceso y que los servicios básicos (agua, energía y drenaje) se incorporarán más adelante, el mensaje es claro: el territorio comienza a ser intervenido antes de que exista un debate público profundo, vinculante y resuelto. La planeación de usos de suelo, con áreas de conservación, logística, seguridad y reservas habitacionales de crecimiento gradual, revela que no se trata únicamente de un puerto, sino de la siembra anticipada de un enclave industrial con urbanización inducida.
La estrategia es conocida: abrir primero la carretera, fragmentar después el paisaje y consolidar finalmente un modelo irreversible. El acceso vial no es una obra aislada; es la primera incisión física de un megaproyecto que avanza por etapas mientras diluye, en trámites administrativos, las preguntas de fondo sobre soberanía, biodiversidad y justicia territorial.
En 2006, este mismo puerto fue planeado y cancelado por falta de viabilidad ambiental y social. Hoy regresa con mayor alcance y bajo el discurso del “nearshoring verde”. El megapuerto, dormido por casi dos décadas, ha dado luz verde a la primera fase del que podría convertirse en el puerto más grande de México. Su reactivación revive también viejas alertas: un corredor industrial y ferroviario que conecta Colonet con Mexicali y la frontera con Estados Unidos. Una ruta de esa escala con la magnitud del proyecto del puerto, amenaza con transformar radicalmente una región de alto valor ecológico, astronómico y cultural.
Para dimensionar la escala del área autorizada, las 2,686 hectáreas de zona marina equivalen a 26.86 millones de metros cuadrados, lo que representa alrededor de 3,760 campos de fútbol profesional, considerando que cada uno mide 7,140 m² según la FIFA. Esta superficie es comparable a casi toda la mancha urbana de la ciudad de La Paz, Baja California Sur, y también supera ampliamente toda la zona urbanizada de Ensenada, Baja California.
Imaginar el dragado de esa magnitud —una herida del tamaño de una ciudad— es imaginar cómo una topadora invisible se traga un paisaje entero sin dejar cicatriz “visible” desde el aire. Pero bajo el mar, todo cambia. El fondo marino no es un plano neutro: es un mundo. Un territorio de corrientes, plumas sedimentarias, comunidades bentónicas y rutas ecológicas de peces y crustáceos. Allí, el dragado no solo remueve arena: desaloja vidas, desplaza nutrientes, enturbia la luz, y altera las rutas con las que el mar se orienta.
Se trata de una extensión descomunal de concesión marítima en favor de infraestructura industrial, en un ecosistema altamente sensible y aún poco estudiado en su complejidad oceánica, geológica, ecológica, botánica, biocultural y astronómica, donde convergen procesos marinos profundos, sistemas de biodiversidad terrestre y marina, saberes tradicionales, y condiciones únicas para la observación del cielo oscuro desde el Observatorio Astronómico Nacional en la sierra San Pedro Mártir.
Cabe destacar que esos sistemas de biodiversidad terrestre y marina profundamente interconectados, albergan no solo especies en riesgo, sino linajes botánicos únicos en el planeta. En la punta de esta meseta costera sobrevive —aún— un conjunto de plantas que no crecen en ningún otro lugar del mundo: formas de vida adaptadas al viento, al suelo salino, a la niebla más que a la lluvia. No son sólo especies: son soluciones evolutivas irrepetibles.Estas singularidades vivas resisten —por ahora— en la Mesa de Colonet, un enclave de niebla, viento y memoria vegetal. Allí sobreviven Hazardia orcuttii, Salvia brandegeei, Orcuttia californica: bibliotecas vivas de adaptaciones antiguas, cuyas páginas se escribieron en interacción con el suelo salino, la brisa costera y los ciclos irregulares de la lluvia a través del tiempo. Son especies que no se repiten. Y si desaparecen allí, desaparecen del planeta entero.
Mesa Colonet: zona de transición ecológica única
Mientras los reflectores se centran en la costa y en el potencial “verde” del nuevo puerto, este ecosistema terrestre de alto valor biológico se encuentra en riesgo de ser desplazado sin siquiera haber sido conocido y mucho menos protegido: la Mesa Colonet.
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